sábado, 16 de septiembre de 2017

NO JUZGUES





No juzgues,
Si no sabes cómo me siento
Si desconoces lo que me inquieta
Si no tienes la certeza de mi pensamiento 
Si jamás transitaste por mi mundo interior 
Si no escuchaste los latidos de mi esencia

No juzgues,
Si mi fragilidad trasmite debilidad
Si el hartazgo eclipsó a mi fortaleza
Si la indecisión me lleva a la equivocación 
Si la incertidumbre apagó mi ilusión 

No juzgues,
Porque sigo siendo yo;
En esencia 
En espíritu 
Y en presencia 

Un alma,
Que camina
Que ama
Que piensa 
Que siente
Que respira

¡Un ser que vive en esta vida!

©Almudena Torres C. de Pedro 
San Sebastián 

jueves, 24 de agosto de 2017

IMITANDO A LA NATURALEZA










La época estival es un pasaje al encuentro con la naturaleza. La mente y el cuerpo necesitan respirar en un entorno alejado del asfalto, de la rutina, del ruido y de la polución que se concentra en la urbe.

Es un tiempo para buscar el contacto con la naturaleza en todas las posibilidades que ella ofrece: playa, monte,  mar, campo, piscina, bosque…

En esta época del año traslado mi rincón de inspiración a un entorno natural, con la intención de sentir la inconmensurable felicidad que se experimenta al estar en contacto con la esencia de la vida; sin artificios y sin lastres, en armonía con lo que es el fin de nuestra existencia.

En este éxtasis de ensoñación es cuando vienen a mi memoria las palabras que escribió el poeta Gerardo Diego, en torno a Soria:



“Poetas andaluces
que soñasteis en Soria
un sueño dilatado:
tú, Bécquer,
y tú, Antonio, buen Antonio Machado,
qué aquí al amor naciste
y estrenaste las cruces del dolor,
de la muerte…
Desde el cántabro mar también,
como vosotros,
subí a Soria
a soñar"



Estas son las palabras que vienen a mi mente, y a mi mundo sensible, cuando voy caminando hasta la cumbre; subo para disfrutar del silencio, para soñar.


La naturaleza es una fuente de inspiración; un entorno que lleva al sosiego, al silencio, al encuentro con el mundo interior, y con la espiritualidad. Las palabras fluyen como la brisa que acaricia la majestuosidad de la cumbre; como el agua que navega entre las rocas; como el rocío que se desliza por el limbo de la hoja hasta llegar al ápice.


En la antigua poesía japonesa las imágenes de la naturaleza se convirtieron en un elemento característico, al que recurrían los poetas. Uno de los componentes habituales del haiku era una palabra que hacía referencia a las estaciones. En la literatura clásica japonesa existían muchos términos que implicaban no sólo una estación, sino también una emoción apropiada.

En Japón se observa la naturaleza como fuente de inspiración. Los artistas japoneses (pintores, poetas...) se fijan en todo lo relacionado con la flora y la fauna del entorno. Las artes marciales y las terapias naturales observan e imitan lo que habita, tanto en el fondo y como en la forma, en el medio medio natural.

El poeta japonés, Buson, escribió acerca de algunas pautas a tener en cuenta para quien quiera escribir poesía. Afirmaba que,  para llegar a un estilo personal, el poeta debe elegir amigos adecuados con los que comunicarse. 

En la línea de este  planteamiento de Buson,  existen sociólogos y psicólogos que han llegado a la conclusión de que: el ser humano adopta el pensamiento de las personas con las que se relaciona (amistades), sin ser consciente de ello.

Buson, así mismo, escribió sobre cuál debe ser el entorno apropiado para escribir poesía:


“Día tras día debes alejarte de las ciudades que distraen la atención y salir a conocer a esos poetas. Pasea por el bosque y por las montañas. Y un día conocerás a esos poetas, cerrarás los ojos y buscarás palabras. […] Estarás sólo, en éxtasis. El viento traerá el aroma de las flores. Luz de luna sobre el agua"



Y así me siento en este lugar; en un sueño del que no quisiera despertar; en una estancia llena de palabras que vienen y van -en prosa y en verso-, mientras observo a una ardilla que salta de árbol en árbol. 


Y la vida continúa, pero el tiempo se detiene aquí, en este instante.


©Almudena Torres C de Pedro
Texto y Fotografía
San Sebastián, 19 de julio de 2017





lunes, 17 de julio de 2017

NADANDO CONTRACORRIENTE

Llevo varias semanas divagando sobre situaciones, sentimientos, y experiencias varias, que me han llevado a reflexionar sobre el sentido de las palabras y sobre cómo me posiciono ante la vida y lo que ella conlleva.

Nado contracorriente, soy políticamente incorrecta; y me siento feliz por ello. El día que no me presente ante la vida, de semejante manera, habré sucumbido a lo que la marea me trae; y entonces mi esencia caminará sin rumbo fijo, sin los anclajes que la mantengan en el punto de partida.

Me encontraba ayer,  disfrutando de un domingo cualquiera: escuchando la radio, saboreando un nuevo amanecer junto al mar, disfrutando del silencio que serena mi alma… Todo aquello que  me lleva tomar conciencia del tiempo presente, de lo que tengo en mis manos, y que a veces se me escurre en cuestión de segundos.

En el programa de radio, en cuestión, entrevistaron a la dueña de un negocio situado en el ámbito rural. Esta mujer ha escrito un libro con anécdotas que están relacionadas con las personas que compran sus productos. La mayoría de sus clientes son personas mayores, por lo que les resulta bastante difícil recordar o entender los nombres de los productos que se venden en ese comercio. Esta situación les lleva a lo que promulga la RAE -y nos enseña a los que gustamos del estudio de la Filología Hispánica-, las impropiedades léxicas.

Estoy segura de que a muchas personas les habrá hecho gracia y se habrán reído de todas esas anécdotas que se expusieron en la entrevista que le realizaron a la autora del libro; pero, lo cierto es que a mí no me hizo ninguna gracia. Sí, me gustan las palabras, el lenguaje, la retórica, la oratoria y todo lo que está relacionado con el medio que utilizamos para expresar un pensamiento o un sentimiento; pero los chascarrillos que se utilizan para mofarse de lo que supone la falta de conocimientos, no me provocan ninguna sonrisa, sino todo lo contrario.

En ese momento, recordé a una señora mayor, Pilar, a la que di algunas clases particulares sobre cómo crear presentaciones en Power Point, redactar cartas comerciales, crear bases de datos… Le acaban de nombrar secretaria de una Asociación de Mayores, y vino a la asociación en la que trabajaba yo como Agente de Igualdad de Oportunidades, para que le diera algunas clases sobre cómo gestionar mejor la labor que le habían encomendado.

Recuerdo a esta mujer de una forma entrañable, ya que era una persona con mucha vitalidad y con una actitud muy positiva ante la vida. A pesar de ser una persona mayor, tenía una agenda repleta de actividades y compromisos. En el verano en el que la conocí acababa de terminar el último curso de la Universidad de la Experiencia. Un excelente proyecto que han creado algunas universidades para que las personas que, por diferentes motivos, no hayan podido acudir a la universidad, tengan la oportunidad de experimentar lo que siempre han anhelado.

Pilar, sentía una mezcla de pena y alegría por haber terminado lo que le había hecho tan feliz en los últimos años: acudir a la Universidad. Entonces, me contó porque no pudo estudiar cuando era joven y estaba en la edad de haber realizado los estudios superiores. Me relató, que cuando era una niña le encantaba leer, estudiar, aprender, y que disfrutaba con cada dosis de conocimiento que llegaba a su vida en forma de una oportunidad para entender el sentido de nuestra existencia.

Era la única chica de cuatro hermanos, la pequeña. Sus padres regentaban un estanco en el pueblo en el que vivían. En este negocio colaboraban los hijos  cuando era necesario, hasta que terminaban la Educación Secundaria y se marchaban a la capital para estudiar en la Universidad. Cuando Pilar terminó los estudios que le permitían acceder a una carrera universitaria, pensó que ya había llegado el momento que siempre había esperado: ir a la capital para seguir los estudios superiores. Lamentablemente, no fue así. Sus padres le dijeron que alguien se tenía que quedar con ellos trabajando en el estanco, y que tenía que ser ella porque era la única chica. Por lo que todos los sueños, las ilusiones, la esperanza de descubrir lo que supone vivir en una ciudad, estudiar una carrera, disfrutar de la vida universitaria, y adquirir los conocimientos que le permitieran seguir creciendo intelectualmente, y desarrollarse como persona, se esfumaron. El tomar conciencia de que su vida no iba a ser la que ella esperaba le atravesó como aquel viento gélido de la sierra, que corta el cutis y que trae la soledad del campo en un atardecer de otoño.


En aquel entonces, en algunas familias, el hecho de ser mujer en el medio rural era sinónimo de haber nacido para hacer las tareas de casa, quedarse con los padres para cuidarlos, trabajar en el negocio familiar… Los estudios superiores solo estaban reservados para los chicos.

Pilar se tuvo que resignar al plan de futuro que le habían reservado sus padres. Recuerdo que cuando me contó este pasaje de su vida, nos emocionamos las dos…


Hay muchas personas que por diversas circunstancias no han podido estudiar, ni siquiera han tenido acceso a los estudios básicos, por lo que es muy probable que desconozcan ciertos términos, o que los confundan con otros similares pero con distinto significado.

No, no puedo reírme de las anécdotas que ha plasmado en un libro la dueña de un comercio en base a los términos que utilizan sus clientes cuando quieren adquirir alguno de sus productos, cuando se trata de personas mayores que tal vez no pudieron estudiar, que los achaques de la edad les han hecho mella en su sistema cognitivo y que les cuesta  entender y retener ciertos términos; que la experiencia de la vida tal vez haya sido difícil y con mucho sufrimiento como para recordar lo que llega de nuevo a su registro mental…

¿Qué hay de gracioso en el hecho de reírse de la ignorancia ajena? Para mí,  no hay nada, en absoluto.

Lo único de lo que me alegro, es que esa entrevista  trajo a mi mente a Pilar y su experiencia vital. Y la recordé, y me emocioné.



©Almudena Torres C. de Pedro
San Sebastián, 10 de julio de 2017



viernes, 31 de marzo de 2017

LA PRIMAVERA HA LLEGADO A MI MELENA







martes, 21 de marzo de 2017


DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA






En el Día Mundial de la Poesía he querido compartir esta imagen que tomé hace varios años cuando estaba escribiendo en el despacho de mi casa. En este lugar de inspiración, he escrito poemas, relatos, una novela, he preparado libretos para recitales, he creado proyectos culturales, e incluso retransmití los programas de:  Almudena en el Mundo de las Ideas cuando trabajaba en una Radio local.

En este rincón creativo está la pluma con la que he escrito en alguna ocasión, el tintero del que salen rosas rojas en representación de la pasión que se debe emplear para escribir poemas desde el alma, desde el corazón. Al fondo, se encuentran los libros de poesía que siempre me han acompañado, allí donde he viajado. Estos libros,  forman parte de mi ´fondo de biblioteca',  al igual que ese fondo de armario que resulta imprescindible. Un pergamino encuadra la lámina donde descansa la pluma; en él está escrito el regalo que me hicieron en el día de mi cumpleaños. Un obsequio que me entregaron para su lectura y que debía realizar... 

En el Día Mundial de la Poesía sigo preguntándome sobre las palabras, los sentimientos y todo lo que rodea a nuestra existencia. Mi última creación poética: Lo que alberga mi alma.



LO QUE ALBERGA MI ALMA


¿Quién transita por mi corazón 
para saber lo que pienso y lo que siento?

¿Quién conoce cada estancia de mi alma
para proclamar lo que no halló?

¿Quién adivinó las palabras 
que nunca estuvieron en mi mente, ni pronuncié?

Sólo quién ha viajado a mi mundo interior
conoce lo que alberga mi alma;
y es a quién  pertenecen mis sentimientos
y mis palabras.



©Almudena Torres C. de Pedro
Texto escrito en el Día Mundial de la Poesía 2017

martes, 7 de marzo de 2017

YOU ARE ALWAYS ON MY MIND





Me marché con la duda de si debí partir;
paladeando el sabor amargo de la triste despedida. 


Cuando me alejaba, musitaste el acorde del adiós; 
las lágrimas brotaron de tus pupilas,
para transmitir lo que enmudeció tu boca. 


Tu desazón cubrió la estancia;
no hubo lugar para las palabras.


Tú esperabas que me girase; 
yo sentí que me observabas.


Se confirmó la espera;
nuestras almas nos hablaron.


Me pediste que nunca te olvidara,
y entonces comprendí cuánto me amabas. 



©Almudena Torres C. de Pedro
Texto escrito el 6 de marzo de 2017
San Sebastián